Relato de un deporte extremo o la persistencia del insensato

Son casi las 5 pm de un domingo en una cancha de un populoso barrio de Managua, los adultos se tienen tomada la cancha, los chavalos juegan cualquier otra cosa, trompo, arriba-landa, congelado, se reúnen a contar chistes o comparten un mono-patín destartalado. Juegan de todo, menos basketball, no tienen balón y no hay permiso de parte de los mayores para inmiscuirse en el partido. Llego con mi hijo, con cautela, pues en estos tiempos hay que cuidarse de los delincuentes y de los grupos juveniles que cargan puñal y machete. Nos quedamos de pie a observar por unos minutos el partido, la perrera está que arde. El basketball mediocre de los adultos hace juego con las formas de comunicación entre ellos. “Emes” por aquí, “hijos con pe por allá”, “verbos adicionales”, lo más suave que se escucha es un “no jodás”. Pareciera ser que las reglas del juego y el lenguaje técnico para designarlo han desaparecido. Me pregunto si esto es basketball o estamos enfrente de uno de esos nuevo...